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Domingo: día sagrado en el cristianismo

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Los Milagros de Jesus 1-308:58

Los Milagros de Jesus 1-3

DOMINGO, DÍA DEL SEÑOR

Dios ordenó para nuestras vidas un ciclo de siete días—seis días de trabajo seguidos de un día de descanso—Sin embargo en ninguna parte de la Escritura se liga ese ciclo a un sistema calendario específico. Nuestro calendario, por ejemplo, se comenzó a usar miles de años después de que Moisés dictara a Israel las leyes de Dios. Dios nos ordena descansar (hebreo, sabbath) en el séptimo día, luego de seis días consecutivos de trabajo y no específicamente en el día que hoy llamamos sábado. Fue durante el tiempo de los apóstoles, cuando la Iglesia entera comenzó a adorar en el Domingo (del latín, Dominus dies, "día del Señor") y no hubo una sola voz que hablara en desacuerdo, ni entre los apóstoles ni entre los primeros Padres de la Iglesia. Este simple hecho histórico valida el cambio de la costumbre hebrea a la costumbre cristiana.


Apocalipsis 1, 9-10 — Yo, Juan, vuestro hermano y compañero de la tribulación, del reino y de la paciencia, en Jesús. Yo me encontraba en la isla llamada Patmos, por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Caí en éxtasis el día del Señor y oí detrás de mí una gran voz [...]


San Juan hace referencia al "día del Señor", en una frase equivalente a decir "era domingo". Aunque algunos afirman que San Juan estaba usando el lenguaje fundamentalista de hoy y que "el día del Señor" equivale a decir "el fin del mundo", la lectura del Apocalipsis prueba sin dudas que ese no es el caso. Lo cierto es que esta alusión al domingo indica que ya en tiempos de San Juan se había producido el cambio en el día que los cristianos dedicaban a la adoración. Nótese que todas las apariciones de Cristo resucitado en los Evangelios, ocurren en el primer día de la semana, o sea, en domingo. Por lo tanto no es sorprendente que San Juan reciba esta visión en ese mismo día.


Hechos 20, 7 — El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para la fracción del pan, Pablo, que debía marchar al día siguiente, conversaba con ellos y alargó la charla hasta la media noche.


Los primerísimos creyentes iban al templo judío el día sábado y al día siguiente, el "día del Señor" se congregaban para la "fracción del pan". Cuando su identidad como el pueblo de la Nueva Alianza se definió completamente, se hizo claro que debían abandonar las prácticas de la ley mosaica.


Gálatas 4, 10 — Mas, ahora que habéis conocido a Dios, o mejor, que él os ha conocido, ¿cómo retornáis a esos elementos sin fuerza ni valor, a los cuales queréis volver a servir de nuevo? Andáis observando los días, los meses, las estaciones, los años. Me hacéis temer no haya sido en vano todo mi afán por vosotros.


Pablo exhorta a los fieles a dejar el calendario de observancias judías.


1 Corintios 16, 1-2 — En cuanto a la colecta en favor de los santos, haced también vosotros tal como mandé a las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros reserve en su casa lo que haya podido ahorrar, de modo que no se hagan las colectas cuando llegue yo.


San Pablo recogía las contribuciones para la construcción de una iglesia en Jerusalén. Naturalmente, requirió que la colecta se hiciera durante la celebración Eucarística que ocurría en el "primer día de la semana" más bien que en el séptimo (el sábado judío). No hay ninguna duda que la transición al descanso dominical ocurrió muy temprano en la historia de la Iglesia, sancionada y aprobada por el cuerpo apostólico.


Mateo 12, 1-12 — En aquel tiempo cruzaba Jesús un sábado por los sembrados. Y sus discípulos sintieron hambre y se pusieron a arrancar espigas y a comerlas. Al verlo los fariseos, le dijeron: "Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado". Pero El les dijo: "¿No habéis leído lo que hizo David cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la casa de Dios y comieron los panes de la presencia, que no le era lícito comer a él, ni a sus compañeros, sino sólo a los sacerdotes? ¿Tampoco habéis leído en la ley que en día de sábado los sacerdotes, en el templo, quebrantan el sábado sin incurrir en culpa? Pues yo os digo que hay aquí algo mayor que el templo. Si hubieseis comprendido lo que significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio, no condenaríais a los que no tienen culpa. Porque el Hijo del hombre es Señor del Sábado." Pasó de allí y se fue a la sinagoga de ellos. Había allí un hombre que tenía una mano seca. Y le preguntaron si era lícito curar en sábado, para poder acusarle. El les dijo: "¿Quién de vosotros que tenga una sola oveja, si ésta cae en un hoyo en sábado, no la agarra y la saca? Pues, ¡cuánto más vale un hombre que una oveja! Por tanto, es lícito hacer bien en sábado."


Aquí, los fariseos presentan sus objeciones a una aparente violación del sábado por parte de los discípulos de Jesús. Sin embargo Jesús les corrige diciendo: "el Hijo del hombre es Señor del sábado". El Señor conecta la observancia del sábado con el templo judío, haciendo una distinción clara entre El mismo y el Templo de Jerusalén, entre la Antigua y la Nueva Alianza. Compare con el relato paralelo de Lucas 6, 1-11. Cuando celebramos el descanso sabático en día de domingo estamos simplemente reconociendo que hemos pasado de la Antigua a la Nueva Alianza y estamos participando en ella. El "sabbath" original honraba la creación del mundo por Dios tal como se describe en el Génesis—esa misma creación que fue manchada por la desobediencia de Adán y Eva—De la misma manera el descanso sabático del domingo, o "día del Señor" honra la nueva creación que se hace posible por la muerte y resurrección de Cristo. Negar el domingo sabático es negar a Cristo su justo lugar como redentor del universo, ya que así se deja de dar testimonio de la nueva creación que El ha iniciado.


Levítico 23, 7; 23, 16 — El día primero tendréis reunión sagrada; no haréis ningún trabajo servil [...] hasta el día siguiente al séptimo sábado, contaréis cincuenta días y entonces ofreceréis a Yahvé una oblación nueva.


Los israelitas celebraban el "sabbath" en días domingos (o sea en el "octavo día") dos veces al año. Así que, aun en tiempos de Moisés, se permitía celebrar el descanso sabático en diferentes días, dependiendo de las circunstancias. El descanso sabático hebreo no estaba limitado al séptimo día de la semana. El "sábado" era entonces un descanso y no un día del calendario semanal.


Lucas 13, 10-17 — Estaba un sábado enseñando en una sinagoga y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada y no podía en modo alguno enderezarse. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: "Mujer, quedas libre de tu enfermedad." Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó y glorificaba a Dios. Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: "Hay seis días en que se puede trabajar; venid, pues, esos días a curaros y no en día de sábado." Replicóle el Señor: "¡Hipócritas! ¿No desatáis del pesebre todos vosotros en sábado a vuestro buey o vuestro asno para llevarlos a abrevar? Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?" Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.


Nuevamente Jesús corrige el error de los religiosos de su tiempo en el asunto del descanso sabático. De la lectura de los Evangelios se entiende claramente que la autoridad de Cristo incluye también el descanso sabático.


Juan 5, 9-18 — Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Pero era sábado aquel día. [...] Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado. Pero Jesús les replicó: "Mi Padre trabaja hasta ahora y yo también trabajo." Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.


Al reenfocar y redefinir el concepto del día de descanso sabático, Jesús se ganó la enemistad de las autoridades religiosas judías.


Exodo 35, 1-3 — Moisés reunió a toda la comunidad de los israelitas y les dijo: "Esto es lo que Yahvé ha mandado hacer. Durante seis días se trabajará, pero el día séptimo será sagrado para vosotros, día de descanso completo en honor de Yahvé. Cualquiera que trabaje en ese día, morirá. En ninguna de vuestras moradas encenderéis fuego en día de sábado".


En este mandamiento no se habla de nuestro calendario sino de un séptimo día de descanso precedido de seis días de trabajo. El mandato es claramente, que no se debe trabajar más de seis días sin dedicar o sacrificar un día a Dios.


Exodo 12, 1-2 — Dijo Yahvé a Moisés y Aarón en el país de Egipto: "Este mes será para vosotros el comienzo de los meses; será el primero de los meses del año".


Aquellos que insisten en observar el descanso sabático del Antiguo Testamento, olvidan completamente este mandamiento aun más específico que está claramente conectado al calendario hebreo.


Ezequiel, 20, 10-12 — Por eso, los saqué del país de Egipto y los conduje al desierto. Les di mis preceptos y les di a conocer mis normas, por las que el hombre vive, si las pone en práctica. Y les di además mis sábados como señal entre ellos y Yo, para que supieran que yo soy Yahvé, que los santificó.


En este caso, los sábados son los días de precepto que Israel debía guardar como sagrados. La expresión no se refiere a un día de la semana en particular.


Mateo 20, 19 — Y le entregarán a los gentiles, para burlarse de él, azotarle y crucificarle y al tercer día resucitará.


La resurrección de Jesús ocurrió, en el "primer día de la semana" (Lucas 24, 1-7) y no en el día martes, que es el tercer día de la semana. Es obvio en este pasaje que el "tercer día" debe entenderse como el tercer día consecutivo después de la muerte de Jesús. Por lo tanto no es irrazonable entender el descanso sabático como la culminación de un ciclo de seis días de trabajo con su séptimo día dedicado a Dios, independientemente del calendario que pueda estar en uso a un tiempo u otro de la historia humana.


Isaías 1, 13 — No sigáis trayendo oblación vana: el humo del incienso me resulta detestable. Novilunio, sábado, convocatoria: no tolero falsedad y solemnidad.


La Ley Mosaica ha pasado y ahora estamos en los tiempos de la Nueva Alianza. Lo que vale para Dios es la sinceridad y la pureza de nuestros sacrificios. La ley de Cristo está escrita en nuestros corazones y ha reemplazado a la antigua ley, clavándola en la Cruz (Colosenses 2, 14).


Alrededor del año 110 d.C., San Ignacio, el tercer obispo de Antioquía, quien muy probablemente aprendió la fe cristiana directamente de los apóstoles Pedro y Juan, confirma el hecho de que los cristianos de esa época tan temprana ya no se reunían con la comunidad judía en el día sábado, sino que celebraban su liturgia en domingo para recordar la resurrección de Cristo:


"Si, entonces, aquellos que practicaron las antiguas costumbres arribaron a una nueva esperanza, ya no descansando en sábado sino viviendo según el día del Señor, día en el que pasamos de la muerte a la vida a través de El y por su muerte [...]" [1]


Si la adoración de los domingos es un signo de apostasía, como algunas denominaciones afirman—¿cómo es posible que todas las comunidades cristianas del extendido mundo antiguo cayeran en ella uniformemente y en forma instantánea?—Tal cosa contradice las promesas de Jesús de que los poderes del mal no podrían contra su Iglesia (Mateo 16, 18). Cabe preguntarse, por ejemplo, ¿cómo es posible que el Espíritu Santo trabajara a través de los supuestos apóstatas para revelarles cuáles libros debieran formar parte de la Escritura y cuáles no? Otra pregunta que surge naturalmente es ¿dónde están los escritos de aquellos que supuestamente permanecieron fieles a las enseñanzas de los apóstoles? Resulta difícil creer que la entera Iglesia apostató simultáneamente en todo el mundo de la misma exacta manera. Lo lógico es lo que la historia demuestra: que la Iglesia guardó fielmente las tradiciones recibidas de los apóstoles, en cumplimiento de la promesa de Cristo de que los poderes del mal no prevalecerán contra ella.


Referencias


[1] Citado en inglés en "The Faith of the Early Fathers", Vol. 1 p. 19. William A. Jurgens. Publ. Liturgical Press, 1970. Collegeville, Minnesota.

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