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El Profeta Mahoma y el Sagrado Corán

'El santo Profeta Muhammad (saws)[1]' nació en el año 570 de la era vulgar, hijo de Abdallah, hijo de Abd El-Muttalib. Es descendiente de Abraham e Ismael, de quien habría de surgir, seg ún la promesa de Dios a Agar, una gran nación: "Levántate, toma el niño y tómale de la mano, pues he de h acerle un gran pueblo" (Gén., XXI, 18). Asimismo, Gén., XLIX, 10, dice: "No faltará de Judá el cetro, ni de entre sus pies el báculo hasta que venga aquel cuyo es, y a él darán obediencia los pueblos." Puesto que Jesús (la paz sea con él) es de la casa de David, y de la de Judá por tanto, ha de referirse necesariamente el Génesis a un profeta posterior. Por otra parte, en el Nuevo Testamento, en Juan, XVI,7, Jesús (la paz sea con él) anuncia la llegada del Paráclito, que en árabe quiere decir 'muhammad', o alabado. Esto dice la Biblia sobre la venida de Muhammad, que cierra el ciclo profético. Según la costumbre de los árabes urbanos, fue encomendado el niño al cuidado de una nodriza beduina para ser criado en el desierto, con los nómadas. Mientras estuvo con la familia beduina, ésta experimentó grandes portentos. En una ocasión pudieron ver cómo dos hombres, vestidos de blanco, abrían el pecho de Muhammad (saws) y revolvían dentro con sus manos. Más adelante explicaría el Profeta (saws) que se trataba de dos ángeles que habían limpiado con nieve una mota oscura de su corazón, y añadió que Satán toca a todos los hijos de Adán al nacer, excepto a María y a su hijo.

Habiendo regresado a Meca, durante su juventud, Muhammad (saws) viajó en las caravanas, haciéndose cargo de mercancías de otros comerciantes, a los que inspiraba tal confianza que se ganó el sobrenombre de Al-Amin. Durante uno de esos viajes conoció, en Siria, al monje cristiano Bahira, que reconoció en él la señal de su profecía. A la edad de veinticinco años se casó con Jadiya, una viuda que se dedicaba al comercio, y en cuyas caravanas había trabajado Muhammad (saws). Jadiya le dio al Profeta (saws) dos hijos, que murieron en la infancia, y cuatro hijas. Cuando el Profeta tenía cuarenta años, durante un retiro en el mes de Ramadán en una cueva del Monte Hira, buscando la cercanía al Dios Uno y Único, recibió una visita del ángel Gabriel, que supuso el comienzo de la revelación del mensaje Divino. Su esposa, Jadiya, fue la primera persona en aceptar el mensaje de Muhammad (saws), y después lo hizo su primo, Ali. El primero en aceptar el mensaje fuera de la familia del Profeta fue Abu Bakr. Había empezado a predicar públicamente su mensaje, lo que provocó la oposición de los politeístas, que temían, no sólo por sus ídolos, sino también por la preeminencia y prosperidad comerciales de Meca, que era también el principal centro de peregrinación al tener la Kaaba, santuario construido por Abraham y consagrado a Dios, pero a la sazón lleno de los ídolos de toda Arabia. Eventualmente, algunos musulmanes hubieron de emigrar a Abisinia para escapar a las persecuciones. Durante una de las peregrinaciones que se solían hacer a Meca, varios hombres de Yathrib, una ciudad al Norte, aceptaron el Islam. Al año siguiente, aún más, y se hizo costumbre emigrar a esa ciudad para sustraerse a las persecuciones de los politeistas. Cuando la vida del propio Profeta (saws) estuvo en peligro, él mismo emigró a Yathrib, junto con Abu Bakr. Era el año 622 de la era vulgar, y es esta emigración del Profeta (saws), la Hégira, el que marca el comienzo de la era islámica. Asimismo, fue en Medina ('La Ciudad', nuevo nombre de Yathrib), donde se estableció la capitalidad del nuevo Estado musulmán. Así, los musulmanes se trasladaron a Medina. Los mequíes no dejaron por ello de hostigarles, y se produjeron en los años siguientes una serie de batallas entre ambos bandos, las de Badr, Uhud, y la de la Trinchera que, en conjunto, afianzaron el Islam y el Estado musulmán. Esta consolidación permitió al Profeta (saws) enviar mensajes a los dirigentes de los grandes Estados vecinos de la época con una invitación a aceptar el Islam. Una revelación prometió al Profeta (saws) que pronto rezaría en la mezquita sagrada de Meca y, tras tensas negociaciones se efectuó un tratado de paz de diez años con Meca, con lo que comenzó un proceso de aceptación del Islam, y una aceleración de su expansión por la Península Arábiga. Sin embargo, una ruptura del tratado por parte de los mequíes en 630, llevó al Profeta a la cabeza de un ejército a la conquista de Meca, que se rindió. El Profeta (saws) ordenó limpiar de ídolos la Kaaba, en la que sólo permitió que permaneciera un retrato de María con su hijo. Casi todos los habitantes de Meca aceptaron el Islam. El comprobar cómo los musulmanes acogían sin rencor a sus antiguos enemigos, bien como conversos al Islam, bien como cristianos o judíos con derecho a protección, aceleró el derrumbamiento de la resistencia. El Islam se extendía ya incluso fuera de la Península Arábiga, que había aceptado el Islam en el año 9 de la Hégira, el 'año de las delegaciones'. La peregrinación fue, a partir de ese momento, sólo para musulmanes, y en 632, el Profeta dirigió la peregrinación por última vez, durante la cual le fueron revelados los últimos versos del Sagrado Corán (V, 4-5). El 8 de junio de 632, el Santo Profeta Muhammad (saws) murió, siendo enterrado en su casa de Medina, según su deseo.

La revelación del Sagrado Corán[2], la escritura sagrada del Islam, comenzó hacia el año 610 d.C., durante una de las meditaciones que el Profeta (saws) solía llevar a cabo en la cueva de Hira, en el Jabal Nur. El Ángel Gabriel se le apareció y le ordenó: "Lee, en el Nombre de tu Señor, que creó al hombre a partir de un coágulo de sangre. Lee, pues tu Señor es el más Generoso, y enseña al hombre, mediante la pluma, aquello que no sabe." La Revelación, en lengua árabe, se extendió durante un periodo largo de tiempo, y dirige las acciones y respuestas del Profeta (saws) durante el periodo protoislámico. Ya durante este periodo de revelación empieza a guardarse el Corán por escrito, aunque no será hasta más tarde que se haga lo propio con la totalidad del Libro. El Sagrado Corán es una revelación primaria, es decir, es palabra por palabra y letra por letra, obra de Dios, y no una 'inspiración' humana, como ocurre con las escrituras del Judaísmo y el Cristianismo, por ejemplo. También a diferencia de las escrituras del Judaísmo y el Cristianismo, que han sido traducidas, editadas, y adaptadas, proceso que aún hoy en día continúa, Dios ha preservado al Sagrado Corán de sufrir el más mínimo cambio desde su revelación. Asimismo, esa condición de obra divina hace inservibles las traducciones a efectos litúrgicos. El Sagrado Corán es, en el Islam, la fuente primaria de la doctrina y del derecho, siendo los Hadices, o Tradiciones Proféticas, y la Sunna o ejemplo del Profeta (saws) las fuentes secundarias. El texto del Sagrado Corán se divide en 114 suras, o azoras, colocadas de manera que da precedencia a las más largas sobre las más cortas. Estas suras pueden clasificarse por el lugar en que fueron reveladas: Meca o Medina. Las primeras, más poéticas, suelen transmitir una poderosa sensación al oyente, por cuanto hablan de la relación del mundo con Dios, en tanto que las de Medina suelen más bien contener legislación. Estas suras se dividen, a su vez en versículos (ayat, o aleyas), teniendo el Sagrado Corán, en su totalidad, unos 6.700 versículos. Se ha hablado mucho sobre la 'compatibilidad' entre las afirmaciones de la ciencia moderna y el Corán como signo que vendría a confirmar la autenticidad de éste. Sin embargo, la ciencia cambia de parecer todos los días, en tanto que el Sagrado Corán es inmutable, por lo que no conviene dar demasiada importancia a esas coincidencias: la mejor prueba de la autenticidad del Corán es el Corán mismo, y no su coincidencia con aspectos mutables de nuestra existencia. Un signo más permanente sería quizá el conocimiento que el Creador demuestra en el Sagrado Corán de su criatura, el hombre: ningún ser humano escribiría de la humanidad lo que de ella se dice en el Sagrado Corán. Otro signo es el hecho de que Dios haya protegido al Corán de todo cambio. Por todo lo dicho resulta evidente la importancia del Sagrado Corán para los musulmanes, mucho mayor relativamente que las de otras religiones. Por ello su lectura resulta fundamental también para que el no musulmán pueda comprender el Islam.


[1] http://www.islamencastellano.com/muhammad.html [2] http://www.islamencastellano.com/coran.html

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